CUANDO TODOS GANAN (CON PERMISO DE LOS ENTRENADORES) – Jose Pagán

CUANDO TODOS GANAN (CON PERMISO DE LOS ENTRENADORES)

Queridos lectores, en primer lugar, me gustaría presentarme para poner en contexto este artículo de opinión. Mi nombre es Jose Pagán y soy entrenador de un equipo de minibasket en el Club Baloncesto Alhama.

Escribo estas líneas no para explicar el sistema de juego o las tareas que diseño para los entrenamientos, si no para compartir e invitar a la reflexión sobre lo que significa ser un entrenador de formación, especialmente cuando competimos. Desde hace ya un tiempo no paro de pensar en la importancia que tiene ganar o, mejor dicho, de si todo vale para ganar. En mis pensamientos aparece la pregunta: ¿es ganar tan importante para los niños como creemos los adultos? ¿o somos los adultos los que estamos “obligados” (por nuestro ego y/o prestigio) a hacerlo y lo transmitimos a los pequeños?

Tras algunas conversaciones y lecturas sobre mi preocupación, cada vez me doy más cuenta de que el deporte de los niños pretende ser una réplica en miniatura del deporte de los mayores, que para eso lo organizamos, claro. Quizás sea utópico, como otras tantas cosas, pero si fuesen ellos los que tomasen las decisiones, ¿serían las competiciones iguales o tendrían los mismos objetivos que actualmente? Deberíamos hacer el experimento.

Después de esta breve introducción, me centraré en el motivo de la redacción de estas palabras.

El pasado domingo nos tocaba enfrentarnos a unos de nuestros amigos, los compañeros del Marme San Javier, con los que compartimos grupo, aunque nos saquen algunas posiciones en la tabla y en el partido de ida nos hubiesen superado por 37 puntos de diferencia. Mientras esperábamos que terminase el encuentro que se jugaba antes del nuestro, me dispuse a charlar con Miguel Paco (su entrenador) sobre cómo estaban los equipos, la heterogeneidad en cuanto al nivel de nuestros jugadores, bien fuese por razones de edad, maduración, físico, habilidad o años de experiencia. No me refiero a la diferencia entre los dos conjuntos, si no a las diferencias internas de cada equipo. Entre tanto, nos disponemos a ir haciendo el acta digital y nos solicita los quintetos iniciales, llegando aquí el quid de la cuestión de esta opinión que estás leyendo. 

En ese momento podríamos haber puesto cada uno su quinteto y a luchar por ganar el partido a toda costa, o podríamos haber dado prioridad a lo que realmente nos importaba a los dos: que el partido sirviese a todos los presentes en la pista para mejorar, como si del mejor entrenamiento de la semana se tratase. Adivinen la opción elegida. Sí, efectivamente, la B. Decidimos improvisar unos quintetos en los cuales, sus jugadores “más habilidosos” se enfrentarían a los míos y, en consecuencia, nuestros jugadores “menos experimentados” harían lo propio. Pero, ¿estáis locos? Se preguntarían algunos/as. ¿Los que tienen menos habilidad solos ante el peligro?  ¿Tendrán que tomar todas las decisiones ellos solos? ¿Quién subirá el balón? ¿Quién meterá los puntos? Y… si los jugadores con más nivel se enfrentan a los de un nivel similar, entonces no sacarán tanta ventaja como acostumbran a hacer cuando su par “no puede” con ellos. ¿Tendrán que esforzarse más entonces?

El pasado domingo, ni Miguel Paco ni yo descubrimos América, pues no es la primera vez que tengo la suerte de poder hacer esto es un partido y estoy seguro de que otros entrenadores ya ponen esto en práctica. Lo que si descubrimos fue que no había tanta diferencia entre los emparejamientos de jugadores habilidosos, que los menos experimentados supieron sacar las castañas del fuego ellos solitos, asumiendo esa responsabilidad y tomando decisiones que les harán crecer como jugadores, que cuando se hacen quintetos “mezclados” se disimulan algunas carencias y todo parece estar bien para todos pero que la realidad es que las decisiones las toman siempre los mismos.  

No quiero decir con esto que no haya momentos para todo, que la heterogeneidad no sea buena y que no haya que mezclar quintetos, pues al fin y al cabo son amigos y deben conocer y respetar las diferencias. Además, de que lo ideal para hacer quintetos homogéneos es que los dos entrenadores se organicen para enfrentarlos. Lo que sí me gustaría es invitar a reflexionar y por qué no, invitar a poner en práctica esto que os comento, sobre todo en esos encuentros en los que antes del inicio se puede anticipar/prever el resultado, ya que entonces el objetivo debería ser distinto a competir para ganar (exclusivamente).

Hace unos días, Abraham Ibáñez me decía “una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”. Creo que de esta experiencia los dos entrenadores sacamos la conclusión de que nuestros eslabones más débiles eran más fuertes tras el partido, por lo que podríamos decir que ganó Marme, pero sobre todo que ganaron todos nuestros jugadores. Ganó el baloncesto.

Desde aquí agradezco las facilidades que dio Miguel para organizarnos de esta forma y, antes de despedirme me gustaría invitar a todos los entrenadores y entrenadoras a compartir sus experiencias de este tipo, pues creo que enriquecen y mejoran nuestro deporte.

Un saludo a tod@s. ¡Nos vemos en las canchas!

Jose Pagán